La confianza en la relación de pareja: una construcción que se cultiva

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La confianza suele considerarse uno de los pilares fundamentales en las relaciones de pareja, ésta no siempre parte de un estado previo, tampoco es necesariamente permanente; la confianza es una construcción relacional, dinámica y dependiente de múltiples factores, no nace del amor por sí solo, ni se mantiene por inercia, emerge en la interacción cotidiana, en los acuerdos (explícitos o implícitos) y en el contexto cultural que moldea nuestras ideas sobre fidelidad, compromiso y monogamia.

Confiar es construir (y reconstruir)

Muchas veces la confianza no es un punto de partida, sino un logro, se va tejiendo a lo largo del tiempo a partir de experiencias reiteradas de coherencia, disponibilidad y reconocimiento mutuo. Confiar implica poder imaginar un futuro compartido y, al mismo tiempo, aceptar un grado de incertidumbre inherente a todo vínculo humano.

Por ejemplo, en parejas transnacionales —que enfrentan separaciones físicas prolongadas— se muestra que la confianza y la desconfianza no son polos opuestos, sino experiencias que pueden coexistir y oscilar según el momento y las condiciones relacionales, por este motivo, es un proceso que requiere presencia, diálogo y disposición constante a interpretar y reinterpretar lo que sucede en el vínculo.

La traición y la mentira: cuando se rompe el tejido simbólico

Cuando se habla de confianza, es inevitable hablar también de lo que la quiebra: la traición y la mentira no solo hacen daño por el acto en sí (como una infidelidad), también porque alteran el relato compartido de la relación y en este sentido, modifican la forma en que se entiende el pasado y se proyecta el futuro.

Hoy, además, las tecnologías suman complejidad, ¿qué quiere decir ser fiel en un mundo de conectividad constante donde la interacción puede darse de manera frecuente desde mensajes, likes en redes sociales?, ¿dónde empiezan y terminan los límites, qué significa un like? Muchas veces el conflicto no surge de una conducta puntual, sino de la ruptura de acuerdos implícitos y explícitos, lo que nos lleva a la siguiente pregunta: fidelidad, compromiso, monogamia, ¿son lo mismo?

Estos tres conceptos suelen confundirse, pero en realidad expresan dimensiones diferentes del vínculo:

Fidelidad puede pensarse como lealtad emocional, sexual o simbólica.

Compromiso alude a la decisión de sostener la relación en el tiempo.

Monogamia es un tipo de acuerdo relacional, que no es universal ni inmutable.

Comprender estas distinciones ayuda a no reducir los conflictos de pareja a “conductas desviadas”, sino a verlos como expresiones de tensiones entre expectativas culturales, acuerdos tácitos y prácticas concretas. Cada pareja tiene la tarea de revisar, negociar y actualizar estos acuerdos a lo largo del tiempo.

Cultura, género y expectativas relacionales

Las formas de construir confianza están moldeadas por creencias culturales y por los mandatos de género con los que hemos crecido, las expectativas sobre cómo debe ser una pareja, qué significa ser fiel o cómo se debe resolver un conflicto, varían según el entorno cultural y la socialización de cada persona.

Muchas veces, estos supuestos no se hacen explícitos, y cuando no se hablan, pueden generar malentendidos, frustración o conflictos, por esto, poner en palabras lo que esperamos de la otra persona y, a su vez, escuchar lo que espera de nosotros, es indispensable para cuidar el vínculo.

El respeto como base cotidiana de la confianza

La confianza implica “no traicionar”, no obstante, ésto no se da porque sí, parte del reconocer a la otra persona, dialogar, expresar necesidades y establecer límites con respeto; habilidades como la asertividad, la escucha activa y la empatía, son fundamentales para construir un vínculo saludable.

El respeto interpersonal, entendido como la capacidad de equilibrar los propios derechos con los de la pareja, es uno de los indicadores más importantes de satisfacción en la relación. Dejando de lado estilos dominantes o sumisos, los vínculos más sólidos suelen surgir de relaciones equilibradas, donde ambos miembros pueden hablar, escuchar, disentir y llegar a acuerdos desde un lugar de mutua dignidad, como pares.

Confiar no es cerrar los ojos, ni idealizar al la otra persona, tampoco esperar perfección, es más bien sostener una actitud de apertura, coherencia y responsabilidad compartida, es una tarea continua, que requiere negociación, revisión de acuerdos y disposición al encuentro.

Reconocer que la confianza es falible implica la conciencia de la necesidad del dialogo y del cuidado del vínculo .

Referencias:

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