Un hilo que nos une. El estilo de apego que hemos aprendido moldea nuestras relaciones adultas

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La forma en que amamos no es una coincidencia o una elección personal, es en gran medida el resultado de una historia relacional que comenzó mucho antes de nuestras primeras experiencias amorosas. La teoría del apego, desarrollada inicialmente por John Bowlby y ampliada por Mary Ainsworth, ofrece un marco para comprender cómo los vínculos tempranos con las figuras cuidadoras configuran nuestras expectativas, emociones y conductas en las relaciones adultas, desde esta perspectiva, amar implica mucho más que sentir, supone activar sistemas aprendidos, profundamente arraigados, que buscan nuestra seguridad, proximidad y regulación ante el estrés. Comprender estos patrones nos permite aproximarnos a comprender por qué nos vinculamos como lo hacemos, y además, abre posibilidades de transformación.

El apego como sistema vital de regulación emocional

John Bowlby (1988) propuso que el apego es un sistema motivacional innato cuya función principal es garantizar la supervivencia a través de la proximidad con figuras significativas, cuando una persona experimenta amenaza, angustia o vulnerabilidad, este sistema se activa automáticamente, impulsando la búsqueda de apoyo y protección.

A partir de las experiencias repetidas con las personas que nos cuidaron, se construyen las representaciones sobre lo que somos y sobre los demás y a partir de allí aprendemos a identificar si somos dignos de amor, si los otros están disponibles cuando los necesitamos, si la cercanía es segura o peligrosa, entre otros (Bowlby, 1988; Marrone, 2009), ejemplo de esto se encuentra en el estudio de la situación extraña realizado por Mary Ainsworth y colaboradores (1978), quienes encontraron que cuando los cuidadores son sensibles, coherentes y emocionalmente disponibles, los niños desarrollan un apego seguro, y cuando son inconsistentes, fríos o imprevisibles favorecen la aparición de patrones ansiosos o evitativos, que no desaparecen con la infancia, sino que se reorganizan y reaparecen en la adultez.

Del apego infantil al amor romántico

Cindy Hazan y Phillip Shaver (1987) extendieron este modelo al ámbito de las relaciones de pareja, sus investigaciones mostraron que los vínculos románticos cumplen funciones similares a las del apego temprano y, en este sentido, la pareja se convierte en una base segura desde la cual explorar el mundo y en una figura de refugio ante la angustia.

Encontraron que la distribución de los estilos de apego en la población adulta es similar a la observada en la infancia: aproximadamente un 60 % de las personas presenta un apego seguro, mientras que el resto se distribuye entre estilos inseguros; podemos entender entonces que el apego es un proceso que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida, dinámico y relacional, con profundas implicaciones para la salud mental, el bienestar y la calidad de vida en pareja (Fraley y Shaver, 2000; Mikulincer y Shaver, 2016).

Los estilos de apego en la adultez: modelo de cuatro categorías

Aunque los primeros estudios reconocían tres estilos de apego, tras el trabajo de Bartholomew y Horowitz (1991) se propuso un modelo de cuatro categorías basado en dos dimensiones fundamentales: la imagen de uno mismo (ansiedad baja o alta) y la imagen de los demás (evitación baja o alta).

De la combinación de estas dimensiones emergen cuatro estilos de apego adulto:

Apego seguro: la base de la confianza

Las personas con apego seguro se sienten cómodas tanto con la intimidad emocional como con la autonomía personal, mantienen una visión positiva de sí mismas y de los demás, lo que les permite confiar en que sus necesidades pueden ser expresadas y atendidas sin temor al abandono o a la invasión. En la vida de pareja, las personas con estilo de apego tienen una mejor regulación emocional, comunicación empática y mayor capacidad para afrontar el conflicto de manera constructiva (Bartholomew & Horowitz, 1991), desde luego, no se trata de ausencia de dificultades, sino de la confianza en el vínculo y en la propia capacidad de afrontamiento.

Apego ansioso-preocupado: el miedo a la distancia

El apego ansioso se caracteriza por una intensa necesidad de cercanía y una preocupación constante por el rechazo o el abandono; las personas con este estilo de apego suelen presentar una valoración de sí menos positiva (valoración negativa de sí) y una fuerte dependencia de la validación externa para regular su estado emocional (valoración positiva de los demás) (Hazan & Shaver, 1987; Bartholomew y Horowitz, 1991), paradójicamente, esta demanda constante de reaseguramiento puede generar tensión en la relación y activar respuestas de retirada en la pareja.

Apego evitativo-desdeñoso: la defensa de la autosuficiencia

El estilo evitativo-desdeñoso se caracteriza por una desconfianza hacia la intimidad emocional y una marcada valorización de la autosuficiencia, estas personas suelen minimizar la importancia de los vínculos cercanos y reprimir sus necesidades afectivas, especialmente cuando la relación demanda vulnerabilidad. Mikulincer y Shaver (2016) señalan que esta distancia emocional funciona como una estrategia defensiva para evitar el dolor relacional, manteniendo el control a través del desapego; desde el modelo de Bartholomew y Horowitz (1991), este estilo se asocia con una imagen positiva de sí mismo y negativa de los demás.

Apego evitativo-temeroso: entre el deseo y el miedo

El apego evitativo-temeroso, frecuentemente vinculado a experiencias tempranas de trauma o apego desorganizado, combina una imagen negativa de sí mismo y de los demás, estas personas anhelan la cercanía emocional, pero al mismo tiempo la temen profundamente, anticipando el daño o el rechazo. Las relaciones suelen estar marcadas por una fuerte ambivalencia: el deseo de proximidad convive con impulsos de retirada brusca cuando la intimidad se vuelve intensa, esta oscilación genera vínculos inestables y emocionalmente desgastantes (Bartholomew y Horowitz, 1991).

Apego y satisfacción en la pareja

La investigación contemporánea ha demostrado de forma recurrente que los estilos de apego influyen directamente en la calidad de las relaciones de pareja. Estudios con adultos jóvenes indican que el apego seguro es un predictor confiable de bienestar psicológico, satisfacción vital y autoaceptación (Véliz et al., 2020), en contraste, los estilos ansiosos y evitativos se asocian negativamente con la satisfacción marital, principalmente debido a dificultades en la comunicación, la regulación emocional y la resolución de conflictos (Pinto & Torres, 2021) ya que muchas parejas quedan atrapadas en dinámicas de persecución y huida, donde la búsqueda de cercanía de uno activa la retirada defensiva del otro.

Un fenómeno relevante es la llamada atracción por familiaridad: las personas tienden a vincularse con parejas que confirman sus modelos internos, incluso cuando estos resultan dolorosos, así, es frecuente la combinación entre apego ansioso y evitativo, reforzando las creencias de ambos miembros (García-Castro et al., 2024).

Posibilidades de cambio: hacia un apego más seguro

Un aspecto central de la teoría del apego en la contemporaneidad es su énfasis en la plasticidad, el estilo de apego no es una condena inmutable, sino un sistema dinámico susceptible de transformación a través de experiencias emocionales correctivas.

El concepto de apego ganado describe cómo personas con historias tempranas inseguras pueden desarrollar mayor seguridad emocional mediante relaciones de pareja estables, vínculos significativos o procesos psicoterapéuticos (Fraley & Shaver, 2000). La psicoterapia, en particular, ofrece un espacio relacional donde el terapeuta actúa como una base segura, facilitando la exploración de los patrones defensivos y el desarrollo de nuevas formas de regulación emocional, asimismo, fortalecer la capacidad reflexiva o de mentalización permite transformar la reactividad emocional en comunicación consciente y empática (Marrone, 2009). El objetivo no es borrar la historia personal, sino aprender a relacionarse desde mayor conciencia, integrando la experiencia pasada en lugar de repetirla de forma automática.

Es importante reconocer que nuestros vínculos actuales están tejidos con hilos invisibles que vienen del pasado, pero que no determinan de manera absoluta nuestro futuro. Al hacer consciente nuestra historia relacional se abre la posibilidad de elegir vínculos más seguros, que nos den y con los que demos más bienestar, vínculos más coherentes con quienes somos hoy. Sentir, comprender y transformar el miedo en confianza es un proceso, y todo proceso comienza con comprensión y presencia.

Referencias

Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Lawrence Erlbaum.

Bartholomew, K., & Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226–244. https://doi.org/10.1037/0022-3514.61.2.226

Bowlby, J. (1988). A secure base: Clinical applications of attachment theory. Routledge.

Fraley, R. C., & Shaver, P. R. (2000). Adult romantic attachment: Theoretical developments, emerging controversies, and unanswered questions. Review of General Psychology, 4(2), 132–154. https://doi.org/10.1037/1089-2680.4.2.132

García-Castro, L., et al. (2024). Estilo de apego y relaciones de pareja: una revisión teórica. Psicología y Salud, 34(1).

Hazan, C., & Shaver, P. R. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524.

Marrone, M. (2009). Apego adulto: los modelos operativos internos y la teoría de la mente. Cuadernos de Psicoanálisis, 32(1–2), 29–45.

Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2016). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change (2nd ed.). Guilford Press.

Pinto, J., & Torres, L. (2021). Apego adulto y satisfacción marital en adultos de Lima Metropolitana

Véliz, A., Mendoza-Lira, M., & Barriga, O. A. (2020). Apego adulto y bienestar psicológico en adultos jóvenes. Psykhe (Santiago), 29(2), 1–15.